Cuando la precaución se vuelve alarma

El sistema de detección precoz de terremotos y tsunamis más poderoso del mundo es el de Japón. Tras múltiples catástrofes se ha desarrollado una simbiosis entre las principales agencias implicadas en la detección y los medios de comunicación. Así conocían de inmediato los espectadores de la televisión pública, la NHK, que llegaba un poderoso terremoto el día 11 de marzo. Posiblemente esta alarma prematura, como la que llegó a casi todos los usuarios de teléfono móvil o los anuncios por altavoz en las zonas más vulnerables, sirvieron para evitar una catástrofe mayor.

Es difícil generalizar, pero Japón es, se podría decir, un país de previsores. Los índices de ahorro son superiores a los de muchos países, los planes de emergencia son ensayados una y otra vez y, en lo referente a terremotos, cualquiera que haya vivido en Japón sabe qué debe hacer ante un seísmo (si es que ha asistido a las sesiones de información casi obligatorias). Esta capacidad de prevención, excesiva quizás digan algunos, es la que han sabido exhibir las autoridades desde el pasado viernes en relación a la “alarma nuclear” en la planta de Fukushima. Se evacuaron de forma preventiva miles de personas. Hay que pensar que los términos ‘nuclear’ o ‘atómico’ hacen temblar a muchas personas en Japón. Sin embargo, la admirable capacidad de prevenir una catástrofe se ha convertido en alarmismo fuera de Japón.

Leo en grandes titulares “Éxodo nuclear en Japón” en la edición digital de El Mundo o “Japón declara la emergencia en una tercera central nuclear” en la  portada de la edición de ABC. No me aventuro a decir si es una cuestión de ‘espectacularización’ de la actualidad o si, simplemente, es una poca atención al detalle, a los hechos, a lo factual. En un mundo de información de consumo rápido, de poco análisis y de carrera constante por lo nuevo, lo mayor, lo más chocante y lo más sobrecogedor, los periodistas nos perdemos y somos incapaces de reflexionar e informarnos antes de santificar. Tomemos por caso las informaciones que hoy 13 de marzo de 2011 aparecían en medios de comunicación no japoneses al mediodía acerca de los ‘problemas’ de una planta nuclear en Onagawa. A las 1335 CET la Agencia Internacional de la Energía Atómica  difunde un comunicado en forma de resumen de los acontecimientos relacionados con la seguridad nuclear (teniendo en cuenta que el día se acaba en Japón). Alguna agencia de noticias toma el comunicado como una información inmediata y publica que hay una ‘nueva’ alarma nuclear. Pero en realidad no hay alarma, puesto que la información, no sólo había aparecido siete horas antes en los medios de comunicación japoneses, sino que había sido matizada horas después. Pero los medios, ávidos de los último, difunden la información. Y, de nuevo, extienden la impresión de alarma.


La precaución estudiada de los japoneses se ha vuelto alarmismo fuera de Japón en donde, ya por desconocimiento del idioma o por rutinas de trabajo mal adquiridas, es más noticia la no-noticia que la realidad. A cientos de kilómetros de la central de Fukushima, Tokio no padece riesgo de contaminación nuclear. Lo ha repetido el primer ministro y también su séquito de portavoces. No obstante, en esta alarma fabricada, varios países han pedido a sus ciudadanos que no viajen a Japón (¿incluso al sur? por esa misma regla no deberían visitar partes de Rusia, más cercanas a la central que algunas islas de Japón).

¿Y en medio de esa alarma nuclear qué cuentan los medios japoneses?

La noción de periodismo como ‘servicio público’ está profundamente instaurada entre la profesión en Japón. La televisión pública NHK llena sus pantallas de información sobre desaparecidos, manda mensajes de alerta en múltiples idiomas e informa, por ejemplo, de los bancos que siguen abiertos para que los ciudadanos vayan a retirar sus ahorros. No sólo la cadena pública, también las comerciales y a veces sensacionalistas cadenas privadas insisten en medidas preventivas para la población. Ante un aviso de terremoto, los presentadores, inmóviles, repiten una vez y otra un mensaje: “busquen un sitio cubierto, escóndanse debajo de sillas o mesas y busquen un sitio seguro”. Por ese motivo, los periódicos y televisiones de Japón, a veces excesivamente cautelosos con la información, también cabe decirlo, cuando los ‘grandes medios’ como la BBC o El País hablaban de la ‘alarma nuclear’, preferían contar al país que mañana lunes habrá cortes de electricidad. No hay alarma, sino precaución: el país quiere evitar un colapso de toda la red eléctrica y, para evitarlo, toma medidas preventivas.

El alarmismo, la magnificación de la realidad no pueden ser el arma del periodista para atraer más atención. Sí que lo tendrían que ser la reflexión y el análisis.

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