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Japón y la puntilla del adjetivo

Reproduzco la entrada que he preparado para el blog de BCNMediaLab y el encuentro sobre Periodismo y televisión.

Los periodistas nos repetimos a menudo, nos citamos los unos a los otros y dependemos en exceso de las mismas fuentes. Y yo ahora también me repetiré: el periodismo en televisión es cada vez más espectáculo y cada vez menos información. Aquello del infotainment que se popularizó hace unos años sigue tan en vogue, si no más, ahora que la reducción de costes de producción permite seguir al minuto y al detalle casi cualquier acontecimiento. Y de uno de estas “coberturas al minuto” quería hablar yo aquí: Japón, 11 de marzo, 14:46.

Cuatro días después del terremoto, el tsunami y la incertidumbre nuclear uno de los periodistas españoles que se desplazó para contar lo que estaba pasando le decía a la audiencia Telecinco que “Japón vivía el peor escenario posible”. Llevar al límite la realidad es una tendencia contagiosa del periodismo moderno, ya sea con el uso intensivo de adjetivos o con la creación de ránquings hipotéticos (el mayor X del mundo, el segundo X de la historia, el peor X de la humanidad…). No es, no obstante, un mal exclusivo del periodismo televisivo. El día del terremoto, más de uno miró con interés cómo reaccionaba el presentador del informativo a quién más se asocia con el uso excesivo del adjetivo, Pedro Piqueras. Ese día, no hubo casi calificativos como cuenta Víctor Amela y como, de hecho, se encarga de remarcar el propio Piqueras en un programa de radio.

En los días inmediatamente después de la triple noticia casi todos los periodistas nos aprendimos las siglas de la cadena de televisión pública japonesa, NHK. Para la cobertura de desastres naturales los periodistas del canal cuentan con un manual que les recomienda evitar los adjetivos de escaso valor informativo. Quizás ese sea un motivo por el cual, en un primer vistazo, uno puede decir que la televisión japonesa ha sido minimalista en su cobertura mientras que fuera de Japón muchos hemos podido caer en el alarmismo, el maximalismo y, de nuevo, en la espectacularización. Para la periodista Concha García Campoy, este maximalismo informativo está justificado.

Los informativos nos han enseñado “las imágenes más espectaculares” de las “espectaculares olas de más de 10 metros” que han dejado paisajes “espectacularmente desolados”… como si “de una película futurista se tratase”. Porque más allá de la adjetivación en vano, el periodismo en televisión camina hoy en día, y en algunos casos, hacia una peligrosa documentalización de la información. La popularización del pseudo-realismo informativo (léase ‘estilo Callejeros’), con imágenes gravadas al hombro, simulando trabajos “no-profesionales” para realizar trabajos profesionales, se combina muy a menudo con la narrativa cinematográfica en los programas “informativos”. Todo ello conduce a un abuso de la música, a un sobre-protagonismo del periodista en la noticia y a un cruce de géneros que acaba yendo en contra del rigor informativo.

Hay todavía un tercer elemento preocupante en la cobertura informativa del tsunami en Japón del cual no se escapa, incluso, el que posiblemente sea uno de los programas informativos más rigurosos en España. Informe Semanal cayó en la trampa del culturalismo con un reportaje ‘sobre la esencia samurai en el Japón moderno’. Los periodistas de medio mundo se aventuraron en ‘entender’ a un ‘pueblo japonés’ al cual convirtieron en un sujeto exótico, lejano e incomprensible. Se perdieron muchos periodistas en justificar por qué los japoneses no se lanzan al pillaje, por qué los japoneses no lloran (¿realmente no lloran?) y por qué los japoneses, “Ellos”, son tan diferentes de “Nosotros”. Este es un mal que viene, el de la creación de la diferencia, y que como periodistas podemos combatir con un periodismo que explote menos la anomalía, principalmente cuando esta es intencionadamente fabricada.

Cuando la precaución se vuelve alarma

El sistema de detección precoz de terremotos y tsunamis más poderoso del mundo es el de Japón. Tras múltiples catástrofes se ha desarrollado una simbiosis entre las principales agencias implicadas en la detección y los medios de comunicación. Así conocían de inmediato los espectadores de la televisión pública, la NHK, que llegaba un poderoso terremoto el día 11 de marzo. Posiblemente esta alarma prematura, como la que llegó a casi todos los usuarios de teléfono móvil o los anuncios por altavoz en las zonas más vulnerables, sirvieron para evitar una catástrofe mayor.

Es difícil generalizar, pero Japón es, se podría decir, un país de previsores. Los índices de ahorro son superiores a los de muchos países, los planes de emergencia son ensayados una y otra vez y, en lo referente a terremotos, cualquiera que haya vivido en Japón sabe qué debe hacer ante un seísmo (si es que ha asistido a las sesiones de información casi obligatorias). Esta capacidad de prevención, excesiva quizás digan algunos, es la que han sabido exhibir las autoridades desde el pasado viernes en relación a la “alarma nuclear” en la planta de Fukushima. Se evacuaron de forma preventiva miles de personas. Hay que pensar que los términos ‘nuclear’ o ‘atómico’ hacen temblar a muchas personas en Japón. Sin embargo, la admirable capacidad de prevenir una catástrofe se ha convertido en alarmismo fuera de Japón.

Leo en grandes titulares “Éxodo nuclear en Japón” en la edición digital de El Mundo o “Japón declara la emergencia en una tercera central nuclear” en la  portada de la edición de ABC. No me aventuro a decir si es una cuestión de ‘espectacularización’ de la actualidad o si, simplemente, es una poca atención al detalle, a los hechos, a lo factual. En un mundo de información de consumo rápido, de poco análisis y de carrera constante por lo nuevo, lo mayor, lo más chocante y lo más sobrecogedor, los periodistas nos perdemos y somos incapaces de reflexionar e informarnos antes de santificar. Tomemos por caso las informaciones que hoy 13 de marzo de 2011 aparecían en medios de comunicación no japoneses al mediodía acerca de los ‘problemas’ de una planta nuclear en Onagawa. A las 1335 CET la Agencia Internacional de la Energía Atómica  difunde un comunicado en forma de resumen de los acontecimientos relacionados con la seguridad nuclear (teniendo en cuenta que el día se acaba en Japón). Alguna agencia de noticias toma el comunicado como una información inmediata y publica que hay una ‘nueva’ alarma nuclear. Pero en realidad no hay alarma, puesto que la información, no sólo había aparecido siete horas antes en los medios de comunicación japoneses, sino que había sido matizada horas después. Pero los medios, ávidos de los último, difunden la información. Y, de nuevo, extienden la impresión de alarma.


La precaución estudiada de los japoneses se ha vuelto alarmismo fuera de Japón en donde, ya por desconocimiento del idioma o por rutinas de trabajo mal adquiridas, es más noticia la no-noticia que la realidad. A cientos de kilómetros de la central de Fukushima, Tokio no padece riesgo de contaminación nuclear. Lo ha repetido el primer ministro y también su séquito de portavoces. No obstante, en esta alarma fabricada, varios países han pedido a sus ciudadanos que no viajen a Japón (¿incluso al sur? por esa misma regla no deberían visitar partes de Rusia, más cercanas a la central que algunas islas de Japón).

¿Y en medio de esa alarma nuclear qué cuentan los medios japoneses?

La noción de periodismo como ‘servicio público’ está profundamente instaurada entre la profesión en Japón. La televisión pública NHK llena sus pantallas de información sobre desaparecidos, manda mensajes de alerta en múltiples idiomas e informa, por ejemplo, de los bancos que siguen abiertos para que los ciudadanos vayan a retirar sus ahorros. No sólo la cadena pública, también las comerciales y a veces sensacionalistas cadenas privadas insisten en medidas preventivas para la población. Ante un aviso de terremoto, los presentadores, inmóviles, repiten una vez y otra un mensaje: “busquen un sitio cubierto, escóndanse debajo de sillas o mesas y busquen un sitio seguro”. Por ese motivo, los periódicos y televisiones de Japón, a veces excesivamente cautelosos con la información, también cabe decirlo, cuando los ‘grandes medios’ como la BBC o El País hablaban de la ‘alarma nuclear’, preferían contar al país que mañana lunes habrá cortes de electricidad. No hay alarma, sino precaución: el país quiere evitar un colapso de toda la red eléctrica y, para evitarlo, toma medidas preventivas.

El alarmismo, la magnificación de la realidad no pueden ser el arma del periodista para atraer más atención. Sí que lo tendrían que ser la reflexión y el análisis.